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Descubre el camino para influir y marcar diferencia… sin un cargo formal
Piensa en esto: llevas años trabajando en mantenimiento industrial, lidiando con averías, soluciones improvisadas, madrugones infinitos. A veces, parece que eres invisible. Sabes arreglar máquinas, sí. Sabes resolver tus líos, también. Pero, ¿quién te reconoce fuera de tu círculo? ¿Por qué el respeto parece reservado solo para los que gestionan desde el despacho, mientras tú sigues encajando tu esfuerzo entre la rutina y el ruido?
Si alguna vez te has sentido atrapada, atrapado, poco valorado o como si tu talento se diluyera en cada turno, quédate. A lo mejor no te dicen que puedes liderar sin ser jefa, jefe. Que puedes ser referente real, inspirar cambios auténticos, mover al equipo… solo con tu presencia, tu forma de trabajar, tu manera de aprender.
Aquí, lo importante no son los títulos, ni los diplomas bien colgados. Es la forma en que vives el oficio, la huella que dejas cada día. Que nadie te engañe: liderar equipos comienza cuando dejas de sobrevivir en modo piloto automático y decides que cada acción, cada error y cada avería pueden transformarte y transformar a quienes te rodean.
1. La actitud y la motivación como punto de partida

No es cuestión de tener el mejor certificado en el bolsillo ni de sumar años como quien colecciona figuritas. Aquí lo que mueve a una técnica, a un técnico, a ser referente es la actitud.
¿Quieres que te miren distinto? Olvida esa mezcla de miedo y resignación que te queda al salir del instituto. Salta del sofá mental. La actitud no se compra ni se enseña en cursos express. Nace de querer entender, de curiosear cómo funciona la máquina y por qué falla, de no escabullirte cuando el lío aprieta.
La vocación auténtica traspasa horarios y papeles. Esa decisión de ir un poco más allá del trabajo mecánico, de intentar entender el proceso completo, incluso si nadie lo ve. El técnico de mantenimiento ideal —la persona que realmente influye— es la que mira la avería y, en vez de pensar “qué faena, ¿por qué me pasa esto a mí?”, se pregunta: “¿qué hago con esto? ¿qué puedo sacar bueno?”.
Sí, es un ejercicio diario. Sí, a veces cansa. Pero el resultado es otro ritmo, otro camino. Liderar empieza por decidir qué actitud eliges… incluso cuando no hay premio ni palmadita.
2. El aprendizaje real está en el campo
¿Manuales, cursos online, amigos que presumen de “certificaciones”? Todo bien, pero el trabajo de mantenimiento no se aprende solo con teorías. Nada como el roce diario con la realidad, ese momento en que la avería no encaja en ningún esquema que hayas visto antes.
Si lo piensas, cada problema, desde un tornillo partido hasta una parada de planta, es una oportunidad. Es la diferencia entre estirar la vida laboral a fuerza de repetir la misma intervención cien veces o entender que cada situación nueva puede enseñarte algo.
Igual que cuando sales por primera vez a intervenir sola, solo, y te tiembla el pulso, pero palpas ese nervio de querer entender. Ahí es donde la experiencia se convierte en esa intuición que te permite leer la máquina como si fuera un idioma propio.
Fallos documentados, averías estudiadas, patrones detectados: eso sí que pesa más que cualquier diploma. Hazte el hábito de anotar, de preguntar, de descubrir por qué la pieza se rompe —y no limitarte a cambiarla. El aprendizaje está ahí fuera. Sácale jugo a cada fallo: conviértelo en tu capital profesional, en tu bandera para el equipo.
3. Mantener la motivación en los momentos difíciles
Nadie te va a regalar el aplauso por arreglar lo de todos los días. Mantener la motivación resulta complicado cuando la presión, el caos o el cansancio son el pan de cada jornada. Pero perder el foco es más fácil que conservarlo, y si te despistas, te arrastra la inercia.
¿Qué ayuda? Apunta:
- Recuérdate por qué hacías esto al principio. No el “para pagar las facturas”, sino ese orgullo de acertar con la avería difícil.
- Piensa en el impacto de tu trabajo en el conjunto. No eres la pieza suelta, eres quien decide que todo ruede o se detenga.
- Haz visible lo que haces, aunque sea solo para tu equipo. Comparte la solución que encontraste, el truco que funciona, el aprendizaje tras el error.
- Mide la calidad de tu intervención no solo por la rapidez, sino por el resultado a largo plazo. ¿Has dejado mejor el sistema entero? ¿Has reducido el riesgo de fallo?
Cuando la motivación flaquea, apostar por el compromiso real —contigo, con el equipo, con la empresa— es lo único que salva el día. De vez en cuando el caos te va a pegar fuerte… pero teniendo claro el propósito, el golpe duele menos.
4. Crear y cuidar una red de contactos

Piensa en esas mañanas en las que te enfrentas a algo desconocido. No sabes por dónde empezar. ¿A quién preguntas? ¿Te inventas la solución o pides ayuda?
La diferencia entre el técnico que se pierde y el que se salva está en su red de contactos. Puedes ser la más lista, el más hábil, pero sin gente con quien compartir —compañeras, compañeros, proveedores, incluso competidores— acabarás topando con un muro.
Haz agenda. Sí, literal. Anota nombres, apuntes, teléfonos de técnicos con los que has trabajado, de subcontratas de confianza, de viejas conocidas que alguna vez te echaron un cable a las tres de la madrugada.
¿Y si no conoces a nadie? Muévete:
- Apúntate a foros técnicos o grupos en línea donde se discuten problemas reales
- Participa en asociaciones del sector
- No te quedes solo consumiendo información: pregunta, comparte, responde.
- Relaciónate con subcontratas buscando más que lo obvio; no solo pidas piezas, comparte experiencias
- Haz favores —en serio, sin pensar en el beneficio inmediato— porque la reciprocidad termina devolviéndote la ayuda cuando menos lo esperas
Al final, tener una agenda viva es lo que te permite enfrentar imprevistos con tranquilidad. Cuida esas relaciones como si fueran oro. Te sorprenderás de lo rápido que puedes resolver el próximo marrón solo por preguntar en el lugar adecuado.
5. Organización, orden y reciclaje: ventajas prácticas y económicas
No hay nada más frustrante que perder tiempo buscando una pieza que debería estar a mano, o descubrir que el almacén es un caos.
La organización de tu espacio de trabajo no es un castigo, es supervivencia. El orden multiplica tu eficiencia. No se trata solo de coleccionar cajas, sino de saber lo que hay, de llevar registro de las averías, de reciclar materiales que pueden valer la pena.
Ejemplo:
- Rutina de revisión semanal del almacén, descartando y recatalogando materiales
- Registro digital o físico de cada intervención, donde anotar el tipo de fallo, la máquina, la solución, la causa raíz
- Separar lo urgente de lo importante. Dar prioridad a lo que puede reducir el caos —no solo lo que grita más fuerte
- Reaprovechar piezas que pueden tener una segunda vida, siempre que no comprometan la seguridad
Organizar no es para que el supervisor venga y te mire con buenos ojos. Es para que tú y tu equipo podáis respirar, ganar tiempo, ahorrar dinero (sí, el reciclaje cuenta) y reducir errores. El día que consigas que el orden sea parte de tu rutina, la diferencia se siente enseguida.
6. Compartir conocimientos: crecer y ser reconocido

La tentación de guardar lo aprendido es grande. Nadie quiere que el compañero recién llegado, te quite protagonismo. Pero aquí te lo juego: quien comparte crece.
El técnico de mantenimiento referente es el que entrena, enseña, explica no solo el qué, sino el porqué. Reconoce el esfuerzo de quien le rodea y comparte sus aciertos… y sus metidas de pata.
Piensa en esto: cada vez que tú misma, tú mismo, hayas pedido un truco a otra persona y te lo hayan dado sin reservas, ¿qué sentiste? Empatía, reconocimiento, una puerta abierta.
Eso mismo es lo que recibes si ofreces. El respeto no viene por el cargo en la tarjeta, viene por la actitud diaria, por el ejemplo. Quien eleva el nivel simplemente por estar presente acaba siendo copia, referente, ancla para el equipo.
Si eres joven y te falta experiencia, pregunta, apunta, repite lo aprendido y regresa el favor cuando puedas. Si llevas tiempo y todos acuden a ti… sé generosa, sé generoso con tu conocimiento. Con el tiempo, tu influencia se multiplica. Y la red se vuelve más fuerte.
7. Cuidar la mente en el caos: la priorización cotidiana
Quizá te reconozcas en esa imagen: terminar el día exhausta, exhausto, sin saber si lo importante quedó hecho.
En mantenimiento, el caos es ley. Sin estrategia clara para priorizar, todo parece urgente —pero no todo lo es.
¿Cómo se diferencia?
- Pregúntate: ¿cuál es el verdadero impacto de esta avería?
- Estima el tiempo de resolución
- Ataca primero lo que es crítico y rápido de resolver
- Luego, lo crítico pero que requiere más tiempo
- Lo menos relevante, por muchas luces rojas que tenga, puede esperar
- Documenta tus decisiones y su efecto; así, la próxima vez será más fácil decidir
No, esto no se aprende en las aulas, ni en ningún libro. Se aprende con las tripas, con el ejemplo de quienes lo han vivido. Busca experiencias, prueba, equivócate y ajusta tu criterio. Mantener la claridad mental es el arte oculto de las técnicas, los técnicos que realmente lideran.
8. Recapitulando: liderar sin rango, transformar sin permiso
No hace falta ser jefa, jefe, para inspirar respeto y compromiso. Hace falta competencia auténtica, integridad diaria, mano abierta para compartir y enseñar.
El liderazgo técnico surge cuando no te escondes detrás del título, cuando apuestas por la calidad aun sin reconocimiento formal, cuando haces equipo incluso si el sistema parece jugar en contra.
Liderar equipos siendo técnico de mantenimiento industrial es decidir que tu oficio es un acto diario de responsabilidad y mejora. Es aprender siempre, construir vínculos, priorizar con cabeza, organizar la incertidumbre y compartir el saber, sin miedo a perder protagonismo.
La experiencia no es destino, es camino. Atrévete a recorrerlo, a vueltas, con dudas, con tropiezos. Que tu valor no se mida por lo que sabes, sino por lo que aportas a quienes te rodean.
¿Algo más?
Hay una voz que ha ido contando estos retazos, en carne viva, en el podcast “Mantenimiento en Acción”. Si este texto te ha removido, dale otra vuelta y escucha más abajo, la sección “El consejo del Experto”, donde Pedro Tapia va mucho más allá y hace que todo esto cobre sentido desde dentro del oficio.
Escúchalo. Déjate inspirar. Nadie sabe lo que una nueva idea o anécdota puede hacer en tu próximo turno.
Preguntas frecuentes sobre liderazgo y mejora continua en mantenimiento industrial
¿Cómo puede un técnico de mantenimiento industrial mejorar su resolución de problemas?
El desarrollo de la resolución de problemas requiere práctica consciente: analiza las causas raíz, documenta incidencias, busca patrones y pide segundas opiniones al equipo. Mantente actualizado en tecnologías, crea rutinas de aprendizaje y sé parte activa en la discusión de averías en el grupo. El hábito de evaluar cada fallo lleva a mejoras constantes y soluciones más rápidas.
¿Cuáles son las habilidades blandas imprescindibles en la gestión de mantenimiento industrial?
En la gestión de mantenimiento industrial destacan la comunicación asertiva, el trabajo colaborativo, la empatía, la adaptabilidad y la capacidad de negociación. Estas habilidades blandas facilitan la integración de equipos diversos, la resolución de conflictos y el aprendizaje compartido, impulsando no solo los resultados técnicos sino también el ambiente laboral y el compromiso general.
¿Qué pasos seguir para desarrollar habilidades de liderazgo como técnico de mantenimiento?
Empieza por observar a líderes respetados, identifica oportunidades para tomar iniciativas, ofrece ayuda a quienes lo necesiten y comparte tus aprendizajes. Participa en proyectos transversales y da feedback constructivo. Practica la escucha activa y muestra disposición al cambio. El liderazgo se construye actuando, no esperando la autoridad del cargo.
¿Cómo ser un referente en confiabilidad dentro del equipo de técnicos?
Aporta valor colectivo estableciendo rutinas de inspección, promoviendo la documentación precisa de fallos y fomentando análisis conjuntos. Haz visibles los éxitos de confiabilidad y comparte estrategias preventivas. Demuestra compromiso con la mejora continua y anima al equipo de técnicos a no conformarse con soluciones rápidas, sino a buscar permanentes.
¿De qué manera un jefe de mantenimiento puede fomentar el desarrollo de habilidades blandas en su equipo?
El jefe de mantenimiento puede organizar formaciones específicas, crear espacios de feedback, fomentar la participación y repartir responsabilidades según fortalezas individuales. Reconociendo públicamente la colaboración y la iniciativa, se incentiva el desarrollo de habilidades blandas y se fortalece el trabajo conjunto de todo el equipo de mantenimiento industrial.
¿Qué conocimientos técnicos son necesarios para la industria 4.0 en mantenimiento industrial?
Para la industria 4.0, el técnico de mantenimiento industrial debe dominar sensores inteligentes, interpretación de datos en tiempo real, mantenimiento predictivo, integración de sistemas automatizados, ciberseguridad industrial y conceptos básicos de inteligencia artificial. Ampliar estos conocimientos técnicos es esencial para adaptarse a nuevos retos y aumentar la eficiencia operativa.
¿Cómo ser adaptable ante cambios constantes en la gestión de mantenimiento industrial?
Acepta los cambios como oportunidades de aprendizaje. Mantén la mente abierta para nuevos métodos y tecnologías, participa en formaciones y comparte dudas con el equipo. La adaptabilidad crece con la práctica deliberada y el enfoque en soluciones. No temas equivocarte: el error es una fuente valiosísima para adaptarse y reaccionar mejor en el futuro.
¿Qué papel juegan las habilidades de liderazgo en la mejora continua dentro del mantenimiento industrial?
Las habilidades de liderazgo facilitan la motivación, la cohesión del equipo y el flujo de conocimiento. Un liderazgo efectivo persuade para innovar, compartir buenas prácticas, cuestionar procesos antiguos y mantener el entusiasmo por la mejora continua. Así, los equipos de mantenimiento pueden evolucionar y responder mejor ante los desafíos de la industria actual.
¿Por qué es tan importante el desarrollo de habilidades blandas para técnicos de mantenimiento?
Las habilidades blandas son claves para un ambiente de confianza, comunicación eficiente y resolución de crisis. Un técnico de mantenimiento que trabaja bien en equipo, gestiona conflictos y se comunica de forma clara, aporta más valor y genera mayor confiabilidad. El desarrollo de estas habilidades marca la diferencia entre un técnico estándar y uno indispensable.
¿Cómo puede el equipo de técnicos aportar ideas innovadoras a la gestión de mantenimiento?
Fomenta espacios para compartir ideas, registra sugerencias en reuniones y apoya la experimentación segura. Los equipos de técnicos suelen ser los primeros en detectar oportunidades de mejora continua y proponer nuevas rutinas. Escuchar, validar y poner a prueba estas iniciativas es clave para una gestión de mantenimiento cada vez más eficiente e innovadora.

